¿Cuándo empezamos a volvernos locos?

twitter: @eugenio_fouz

Dondequiera que se encuentre usted estos días de septiembre le sugiero que levante la vista del periódico que está leyendo y eche un vistazo a su alrededor. Si, como presumo, no está solo en la terraza de la cafetería, compruebe que al menos dos o tres clientes miran embelesados una pantalla. Vea cómo teclean, sonríen y parecen felices mientras usted permanece despierto. No es ajeno a lo que sucede en el mundo real. El mundo en que vivimos se está volviendo loco. Es posible que no haya sido abducido –todavía-por los mundos paralelos. Es posible que sea usted, lector, de esa rara clase de personas que vive la vida como hay que vivirla. Sabe disfrutar de sensaciones auténticas como pasar las páginas de un periódico, resolver un crucigrama a mano, anotar datos en el diario impreso. No tiene síntomas de padecer nomofobia (“no without my mobile phone”). Muchos clientes del establecimiento donde se encuentra ahora sienten la apremiente necesidad de fotografiar el plato de desayuno que están tomando para colgar la imagen en Instagram. Diría que usted es un tipo admirable, capaz de mantener la calma gracias a unos principios sólidamente plantados y una personalidad que hacen de usted un individuo sensato, tranquilo y, en el fondo, un disidente.

columna de opinión publicada el 18.09.17, lunes en El Nacional (Venezuela)-@ElNacionalWeb 

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NOTA:Esta es mi primera colaboración con el diario El Nacional de Caracas que dirige Miguel H. Otero– @miguelhotero en Twitter.

 

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Hl q tl sts?

twitter: @eugenio_fouz

[fotografía: Lisa Larsen vía @historyinmoment]

 

Hl q tl sts?

Hola, ¿qué tal estás?

Eugenio Fouz

No se han equivocado en el periódico. No está leyendo errores de impresión en esta página. Tampoco es un fragmento de Crónicas marcianas del escritor de relatos cortos Ray Bradbury; está usted leyendo un lenguaje que ha logrado lo que no ha conseguido el esperanto: hacerse universal y no ser enseñado.

Es el lenguaje SMS. El lenguaje SMS no se enseña, se aprende. Todo profesor de lengua y literatura castellana que aprecie la asignatura que imparte, se enfurecería si viese a un alumno escribiendo en lenguaje SMS. Porque es cierto que este lenguaje deforma y destruye el buen uso del castellano. Y los profesores están acostumbrándose a leer en ejercicios, cuadernos o exámenes expresiones como “tb fue propio de Lorca”…. o “xq además de vivir una época en la q”, y esto no es algo de buen gusto.

Sin embargo, el lenguaje SMS empleado fuera del mundo académico y donde puede utilizarse (es decir, en mensajes para móviles o correos electrónicos ) es cómodo, rápido y demoledor.

En un libro Wan2tlk? Ltle Bk of Txt Msgs, publicado el año 2000 por Michael O’Mara Books recogen códigos y los mensajes de texto más básicos. Como puede apreciar, en el mismo título se observa la carencia casi absoluta de vocales y el uso de símbolos de diferentes campos, la mezcla de números y letras para lograr un concepto fónico y a veces visual.

En este libro, se dan a conocer además, los llamados “emoticones” que son una mezcla de dos términos “emotion” (emoción) e “icon” (icono) . Estos adornan y añaden el reflejo de un estado de ánimo del emisor al receptor. (Hay que reconocer el encanto de estos signos. Signos que parece que se han creado en la gran ventana virtual mágica). Mediante la combinación de signos gráficos como el guion, la barra, los dos puntos, el punto y coma, un solo signo de paréntesis (los signos más olvidados del teclado, por cierto) se crean símbolos generalmente referidos al rostro humano que expresan una emoción, acorde con el ánimo del hablante o emisor.

Para interpretar y recibir correctamente estos signos se necesita un poco de imaginación y el paso de la horizontalidad de las líneas escritas a la verticalidad de las líneas haciendo con el papel, si es el caso, un giro de 90º en el sentido de las agujas del reloj.

Es divertido ¡Pruébelo! ¡Pero, nunca lo utilice en horas de clase!

Bna srte ;­).

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Texto publicado en edición de ElPaís de los Estudiantes, 2004

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Superar el síndrome con uno o más sueños

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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Siempre te faltaría un pájaro en silencio” (MARIO BENEDETTI)

[“eurilaimo negrigualdo”.- fotografía tomada de la enciclopedia de pájaros comentada por Elías Gómez, (@eliasmgf en Twitter)]

Lo primero que se me ocurrió fue consultar un mapa para saber dónde estaba ese lugar, Barbados, y pintarme allí mismo en caso de ser yo el elegido para el puesto de trabajo. Mis conocimientos de geografía apuntaban a una isla al sur de los Estados Unidos. Y tan al sur, la célebre ínsula mínima se encuentra en el mar Caribe al norte de la isla de Tobago, situada a más distancia al norte de Venezuela y la Guyana.

Hace apenas dos semanas, un informativo de televisión daba la noticia publicada en el diario “Metro” según la cual un desconocido ofrecía un magnífico sueldo anual de 100.000 libras esterlinas (116.000 € aproximadamente) a quienquiera que pudiese ocuparse del cuidado de sus cuatro niños. La cosa pintaba bien. Pintaba todavía mejor cuando el anuncio especifica el carácter cosmopolita del trabajo. El candidato idonéo –au-pair- estaría obligado a atender a los chavales en diferentes ciudades del mundo. Esas ciudades serían Londres, alguna pequeña ciudad de Barbados, Ciudad del Cabo y Atlanta.

Cualquiera que comenzase a sentir los síntomas del llamado síndrome posvacacional, (brote de ansiedad que aparece los primeros días de septiembre y avisa a finales de agosto), prestaría un poco de atención a la oferta ¡Como para no soñar despierto! Me olvidaba de un detalle de escasa importancia: las propiedades de los cuatro destinos paradisíacos albergan casas de lujo. Habría que pensar en viajes intercontinentales. Una persona tranquila y sedentaria no encajaría bien, ya que le tocaría desplazarse a la capital inglesa, al Caribe, al extremo meridional de África y a la costa atlántica de los Estados Unidos. Imagine interminables horas en avión imponiendo disciplina en la chavalería a su cargo. Nada complicado. Coser y cantar. Parece un buen plan. A lo mejor los críos son majos y todo. Esto va a ser como “Sonrisas y lágrimas”, je, je.

Me paré un rato a pensar y me dije que se trataba de un trabajo, no de unas vacaciones o un cambio para pasar el momento crítico del síndrome posvacacional. El ocio es una cosa y el negocio es otra cosa diferente. Pensé también que ya había que ser rico, ocupado y famoso (“celebrity”) para pagar semejante cantidad de dinero a un cuidaniños. No me extrañaría descubrir detrás de la propuesta la identidad de un futbolista de élite, un millonario americano o una rubia artista de pop.

Sigo leyendo la oferta y llego al final. (“This nanny job has £100,000 salary, luxury accommodation and use of sports cars”, Nicole Morley.-“Metro”, 16.08.2017) para darme cuenta de que no cumplo varios requisitos, entre otros, me faltan quince años de experiencia en el oficio ni tengo la licenciatura en Psicología Infantil. Por no citar, claro está, la condición exigida por la parte contratante respecto al inequívoco género femenino del candidato. En fin, no hay nada tan bueno como volver de las vacaciones dispuesto a trabajar y seguir soñando solo con la cabeza llena de pájaros.

 

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es; 6092017]

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Efecto “tsundoku”

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

nice white haired woman

Soy todos los autores que he leído” (JORGE LUIS BORGES)

A lo mejor le parece una tontería como otra cualquiera pero el efecto tsundoku es un hecho. Este fenómeno no guarda ninguna relación con el pasatiempo numérico de las páginas finales del periódico llamado sudoku. Mientras que el primer término alude a determinado coleccionismo enfermizo, este otro –sudoku- se refiere al sano desafío ofrecido al lector de periódicos para ejercitar la observación y la precisión matemática. En un cuadro de 81 celdillas incrustadas a su vez en 9 cajas cuadradas el jugador ha de ajustar los números del 1 al 9 en los espacios en blanco dispuestos en el modelo impreso por defecto. Obviamente, no está permitido repetir ningún número en ninguna de las nueve cajas, ya que el sistema se rompería. En el sudoku cada número tiene su propio espacio: encaja todo a la perfección o el resultado es un fracaso. Este entretenimiento se clasifica en categorías atendiendo al grado de mayor o menor dificultad de resolución del cuadro. Cuantos más números se hallen grabados en las cuadrículas o celdas, (propuestos por el patrón o modelo) más fácil será resolver el ejercicio. Me refiero a los cuadros básicos, no a los sudoku enormes con más de 81 cuadrículas, que también los hay. Los sudoku son un ejemplo magnífico de disciplina y orden, ¿no le parece?

De los sudoku guardo un buen recuerdo. Sobre todo el día que logré completar el primero de ellos ¡Cuántos periódicos habré emborronado con intentos fallidos! En fin, yo venía aquí a hablar del tsundoku. Sin embargo, creí necesario aclarar la diferencia existente entre los dos vocablos japoneses dada su peculiar semejanza fonética y ortográfica.

Empecé a pensar en el asunto del coleccionismo a partir del artículo: ““Tsundoku”, la irresistible pasión de acumular libros”, ABC; 2.06.2017 firmado por una mujer apellidada como un personaje borgiano, María Luisa Funes. La articulista explicaba el significado de la expresión extranjera y la adicción compulsiva del coleccionista. Me vi reflejado en el texto de Funes como víctima de este mal. En realidad, tsundoku supone la perversión del lector que compra libros sin parar aunque sea incapaz de leer todos los ejemplares albergados en su biblioteca. Quien padece el efecto tsundoku es simplemente un coleccionista, y como suele pasar con todos los coleccionistas, este tipo de persona se caracteriza por ser posesiva, quisquillosa y maniática. Un coleccionista de libros ama el orden y el equilibrio. No sería raro descubrir entre las páginas de sus libros la marca ex libris y su orgulloso nombre de propietario a continuación. Llenar estanterías sin ton ni son y verse rodeado de grandes obras no es la mejor de las aficiones. El carácter negativo de un coleccionista es el afán desmedido, totalmente fuera de control, de ser propietario del infinito. Nadie puede leer todos los libros. Es bueno entender, no obstante, que a diferencia de otros coleccionistas, quienes coleccionan libros -y los leen- transforman el valor relativo de tener en el principio vital de ser, porque uno es los libros que ha leído.

artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 23 de agosto de 2017 

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Marcianos en agosto

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

adictos al mov

No se debe dar crédito ligeramente a cualquier palabra” (Tomás de Kempis)

Espero que a los marcianos no se les ocurra invadirnos en agosto. Ahora sería el momento propicio para someter a la especie humana. Ya casi estamos derrotados. Este mes de agosto es infernal, pegajoso, desolador y húmedo. Todos los tópicos se me vienen de golpe a la cabeza con el asunto del calor. Esto es un infierno, aquí no hay quien viva, me muero de calor, mi reino por un caballo … Bueno, se me ha colado alguna frase histórica. A lo que íbamos. El verano hace estragos entre los hombres y las mujeres, nos volvemos huraños e irritables, queremos refrescarnos como sea. Caminamos como atontados inmersos en una sensación íntima e intransferible de calor insoportable. Apenas podemos respirar. Bebemos agua, sidra, cerveza, sangría y tinto de verano con una ansiedad que no es normal. Unos se quedan en la ciudad. Otros huyen desesperados a la playa o la montaña en busca de agua, río, piscina, bañera, duchita o un poco de mar. Pero no me cambie de tema, vamos a lo que vamos. Nos vigilan. No hay que despistarse. Los humanos se lo estamos poniendo a huevo a esos flacos cabezones verdes también conocidos como alienígenas. La raza humana lo pasa mal el mes más caluroso del año. A pesar de resultar repetitivo, los marcianos llevan esperando semanas para lanzar un ataque brutal y apocalíptico sobre el planeta. Nos tienen bien cogidos, sí. Estamos absolutamente indefensos. Todos, sin excepción. Quizás habría una salida, una esperanza mínima de salvación. Si se diera el extraño caso de un equipo de resistencia. Bah, es hacerse ilusiones para nada. Eso no va a pasar. Somos esclavos de la red. Nadie duda hoy de las ventajas de las nuevas tecnologías. A ver quién es el guapo que se atreve a asegurar que no ha visto hoy a un androide abducido por un teléfono inteligente (smartphone): un individuo de cualquier género, ya no importa tampoco la edad, que sigue a una pantalla de luz risueño y feliz. A veces, se le ve pasear ensimismado agarrando un accesorio alargado que se acopla al aparato mágico para fotografiarse a sí mismo junto a sus amigos, familiares o novias y un plato de cocina que parece un cuadro, un monumento o un famoso de la tele. Luego se pone gracioso y publica la imagen en una plaza pública virtual (red social) en la que cuenta su vida, lo que hace, dónde se encuentra y lo que odia sin necesidad de ser torturado por los invasores. Así, dejando todos los datos en manos de los marcianos. Yo tengo la teoría de que esto empezó hace años en la costa oeste de los Estados Unidos a través de la creación de internet y las redes sociales confundiéndonos a todos el sentido común; los alienígenas se han colado por aquí. Lo que no entiendo es cómo se han podido encaprichar de nosotros, como no sea por la gastronomía y las mujeres, vamos, que no me lo explico.

marcianos

artículo de opinión publicado en @laverdad_es (9.08.2017)

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El juguete nuevo del emperador

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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Para ser viejo y sabio, primero hay que ser joven y estúpido” (ANÓNIMO)

Mire, el otro día leía una noticia en un periódico cuyo titular decía: “Absuelta una madre llevada a juicio por dar una bofetada a su hijo”(EL PAÍS, Silvia R. Pontevedra; 19.07.2017). Déjeme contarle más: una madre gallega pide a su hijo de once años que le ayude a poner el desayuno. El chico no obedece, entretenido como está oyendo música en su teléfono móvil nuevo. La madre insiste pero el niño no hace caso. Es lógico suponer que la madre recordará a su hijo la tarea pendiente. Así sucede. El chico reacciona lanzando de mala manera a su progenitora el caro juguete en un ataque de rabia y ésta le da una soberana bofetada.

No me sorprende que un crío se pase el día enganchado a un teléfono móvil. Nuestra sociedad moderna ha posicionado a estos aparatos electrónicos en la categoría de “los imprescindibles”. Esto es innegable. Llama la atención la falta de cariño del niño hacia su madre. No tiene sentido la intransigencia de un muchacho prepúber ante una tarea tan sencilla como echar una mano en casa, y mucho menos la ira y la violencia fuera de control.

La cosa no queda ahí. Según leemos en el periódico, casi un año después, el hijo amenaza en un momento dado con irse de casa. Su madre le agarra como puede para evitarlo con la mala fortuna de arañar el cuello a su churumbel. Eso fue suficiente para que el pequeño tirano acudiese a un centro sanitario y denunciase posteriormente a su madre por malos tratos. Este suceso puntual convertido en noticia evidencia la necesidad de educar a los hijos ¿Habrá quien crea que un niño se educa solo?

Cabe preguntarse, pero ¿quién nos educa?, ¿dónde se imparte la buena educación? Unos responderán que la familia es la única responsable. Otros dirán que la escuela, los amigos, la sociedad entera.

No existe una fórmula mágica. La educación no consiste en una colección de certificados, ya que nunca acabamos de ser educados. Se trata de un proceso. Uno no aprende todo lo que debería aprender ni siquiera cuando se muere.

La primera vez que tus padres te hacen llorar es el comienzo. Sabes que te quieren y lo hacen por tu bien. Luego, a medida que pasa el tiempo, te das cuenta de lo que sufren tus padres si tú lo pasas mal. Pero para notarlo hay que ser sensible.

 

heart

[Si no te rompe el corazón, no es amor]

 

En la escuela aprendes a leer y a ordenar tus pensamientos sobre el mundo, más pronto o más tarde. Recuerdo a un profesor de literatura singular que nos decía que cuestionásemos todas las cosas que aprendíamos y que no nos conformásemos con una vía única. Le he hecho caso. Mis padres eligieron darme una educación basada en principios morales y religiosos que me hicieron daño y me aliviaron y que preferí conocer a ignorar. Y hoy estoy agradecido.

Los hijos bien educados hoy serán los padres bien educados mañana.

[artículo de opinión publicado el 26.07.2017 en @laverdad_es]

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Caerse y levantar el vuelo

twitter: @eugenio_fouz

https://twitter.com/eugenio_fouz/status/889461866426245121

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El valor de los apéndices de los buenos libros

 

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