El malestar de Anna

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El malestar de Anna

EUGENIO FOUZ

“y a ciegas otra vez y para siempre” (MARIO BENEDETTI)

La ansiedad de una joven rozando la treintena empieza a ser preocupante cuando leemos en la pantalla de su ordenador portátil el mensaje ESTE DOMINIO NO ESTÁ DISPONIBLE. Sucede en la película “Life adult skills”. El guión y la dirección corren a cargo de Rachel Tunnard. La película fue emitida en el año 2016. La actriz protagonista, Jodie Whittaker, encarnó de maravilla el papel de treintañera infantil dolida por la desgracia. Vi esta historia una tarde de fin de semana creyendo que se trataba de una comedia, pero no era para nada una historia de esta clase. A mí me pareció un drama.

En España tradujeron el título por este otro “Habilidades de la vida adulta”. Para mí fue un drama comprobar lo duro que resultó para la joven olvidar a su hermano gemelo, su compañero y amigo. Este había muerto. El único consuelo de Anna consistía en encerrarse sola en el cobertizo del jardín con los vídeos grabados siendo niños. Su hermano del alma y ella que eran inseparables.

El malestar de Anna se desborda ante la imposibilidad de acceder a los recuerdos grabados en un canal de pago. El mensaje automatizado en la red THIS DOMAIN IS NOT AVAILABLE le angustia de tal modo que a uno le hace pensar en la fugacidad de las cosas y en lo rápido que pasa la vida. Anna no va a poder darle al botón del play ni siquiera veinte veces más para ver y oír la risa de su hermano perdido y recuperarlo de alguna manera.

Apenas queda nada que sea para siempre. Vivimos en mundos paralelos en algunos de los cuales un simple fallo, un desliz con el dedo o una cuenta mal gestionada nos condenan irremediablemente al olvido

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Lea la versión original del día 13.05.19 en El Nacional (Venezuela), @ElNacionalWeb

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/malestar-anna_282011

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El gigante de la plastilina

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El gigante de la plastilina

EUGENIO FOUZ

Dame dos horas al día de actividad, y seguiré las otras veintidós en sueños ” (SALVADOR DALÍ)

Somos espectadores de lo que la vida nos pone delante de la cara. El otro día me quedé pasmado mientras en un informativo de televisión se veía cómo una cremallera semi-abierta rasgaba la fachada de un edificio en una ciudad desconocida. (“El artista Alex Chinneck diseña ‘viviendas cremallera‘, lo último en diseño arquitectónico”; Informativos Tele5, 23.04.2019).

A simple vista, la pared de ladrillo de la casa parecía hecha de simple tela, como de la tela de una maleta de viaje. Un gigante, supuestamente, (o un ser superior y enorme) había comenzado a bajar la cremallera para acceder al interior de la vivienda con quién sabe qué intenciones. Dejaba interrumpida su faena al verse quizás observado por alguno de los vecinos de la zona. Es lógico pensar que se asustase y huyese del lugar.

El resultado de la inesperada acción arrastra al menos dos o tres consecuencias inmediatas; por un lado, la vulnerabilidad de los hogares y el arreglo necesario del ojo perplejo del medallón a medio camino, y por otro lado, nos enseña a los viandantes a desconfiar del engaño de nuestros sentidos que a veces nos hacen ver gigantes donde hay molinos o una simple fachada cuando se trata de arte

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El Nacional (Venezuela) 6.05.2019, lunes

Lea la versión original aquí:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/gigante-plastilina_281272

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No hay quién entienda a las mujeres

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Mónica López [meteoróloga de TVE]

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No hay quién entienda a las mujeres

EUGENIO FOUZ

I can smell the sin on your breath” (FLANNERY O´CONNOR)

No hay quién entienda a las mujeres. A algunas, claro. Si un hombre les sonríe o se comporta como un caballero, las probabilidades de obtener una respuesta agradable de la destinataria de esas atenciones suelen ser escasas. Digamos que la actitud de las mujeres no es inmutable con el paso del tiempo. La actitud de los hombres también ha cambiado. Solo algunos, por supuesto.

Entre nosotros, los hombres, los hay que siguen su instinto animal, que no se cuestionan a sí mismos ni su relación con los otros (aquí me refiero a hombres y mujeres) porque carecen de la necesaria sensibilidad para hacerlo. Esta categoría de varones permanece en el mismo sitio en el que se encontraba hace un año, hace cinco años, hace diez años; es decir, estos individuos se comportan del modo esperado y más simple del mundo y no tienen ni idea de qué significa la empatía. En el extremo opuesto, existe otra clase de hombres: los inseguros, pensativos e impredecibles que se preguntan continuamente qué está bien y qué está mal. Supuestamente, entre ambos extremos cohabitan los hombres para quienes no cabe la grosería ni el acoso con otros que insultan y maltratan a personas de uno y otro sexo.

El asunto de hoy se refiere a las mujeres. Ellas se molestan cuando un hombre las piropea en la calle. Las mujeres se molestan igualmente cuando un compañero no se fija en los pequeños detalles como una blusa nueva, un corte de pelo distinto, un perfume. Admitamos que no sea así. Todo es posible cuando se trata del género femenino. La mujer es siempre un enigma. Pocas cosas sabemos de ellas. Sabemos, por ejemplo, que no les gusta que se las juzgue solo por su apariencia, aunque se arreglen para estar guapas. Claro que a todos nos gusta tener buen aspecto; a los hombres también. Mentiría el hombre que negase la tendencia innata a evaluar el atractivo de las mujeres.

Hay constancia de que ellas examinan a los hombres y les ponen nota. Creemos que a la hora de calificar, las mujeres son más exigentes que nosotros. Pero no nos desviemos del tema: las féminas se examinan entre ellas. Y de aquí surge esta columna de hoy lunes. Una mujer enviaba hace unos días una carta tradicional –de papel, sello y sobre- a una persona conocida de TVE (Televisión Española) de género femenino. Mónica López leía extrañada. En esa misiva, la remitente expresaba su opinión subjetiva sobre una profesional expuesta por su ocupación pública consistente en informar de la meteorología de lunes a viernes en el primer canal de televisión. El contenido de la carta se centraba principalmente en valorar el aspecto físico de la metereóloga más que en su oficio. La intención de la autora, claramente ofensiva, pretendía descalificar tanto profesionalmente como personalmente a la célebre informadora. (“Mónica López, mujer del tiempo en TVE, estalla tras los insultos de una espectadora”. “Libertaddigital.com”; 19.04.2019). Uno se pregunta ¿por qué? ¿de dónde sale este odio? No hay quién entienda a las mujeres.

La mujer del tiempo tampoco entendió a ésta e hizo lo que uno debería hacer cuando suceden estas cosas. No miró para otro lado. No rompió la carta. La leyó más veces y publicó el texto en abierto. Dejó claro que nadie tiene derecho a opinar sobre el físico de otra persona por el hecho de ser conocida y menos aún a juzgarla. Se preguntó qué habría ocurrido si se hubiera tratado de un hombre. La mujer del tiempo prefirió pasar el mal trago de compartir el cuerpo de la carta que podría avergonzarle para concienciar a la gente de una situación desigual e innecesaria. La gente educada sabe cuándo es acertado callarse si cree que un comentario puede incomodar.

Finalmente, Mónica López decidió borrar la carta de las redes sociales para evitar a la autora (que firmaba con nombre y apellidos) pasar la vergüenza de ser criticada por una sociedad decente

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Lea la versión original publicada el lunes, 29 de abril en EL NACIONAL.com

@ElNacionalWeb (contiene fotografías y enlaces a la noticia)

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/hay-quien-entienda-las-mujeres_280591

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Ausencias

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peaton cel

Ausencias

EUGENIO FOUZ

Una palabra entonces, una sonrisa bastan” (PABLO NERUDA)

Cada cual es libre de hacer lo que quiera. Vaya esta obviedad por delante de lo que viene a continuación. No es agradable lo que vemos a diario en la calle. Resulta inquietante la exagerada adicción de algunos viandantes a los dispositivos electrónicos. Se ha convertido en una escena habitual cruzarse con un tipo que gesticula y parece hablar solo. Hoy también es normal contemplar a una jovencita caminando guiada por ese juguete luminoso como si fuese su GPS (perdone la aliteración). La verdad es que a este paso nos vamos todos al carajo. Por poner un ejemplo de cómo está la situación, diré que ayer domingo, 14 de abril, hubo una caída de tres de las plataformas sociales con mayor tráfico en la red: WhatsApp, Facebook e Instagram. El fallo duró aproximadamente unas dos horas en varios países de Europa. Dos horas fueron tiempo suficiente para alterar el ánimo de la comunidad de usuarios adictos a esta epidemia descontrolada de vivir la vida frenética al toque de un par de dedos.

Los informativos de televisión preguntaban a los transeúntes ayer qué opinaban del fallo de esas plataformas y vimos a gente muy enfadada, y por extraño que parezca, vimos a jovencitos indignados.

peatones borrosos

Piense el lector durante solo un minuto lo que supone para algunos americanos del otro lado del océano Atlántico sobrevivir a periodos de 48 horas sin electricidad ni agua.

Estamos perdiendo las buenas costumbres y estamos perdiendo el sentido. Todo ocurre a la velocidad de la luz, nunca mejor dicho. Las redes sociales, los smartphones y las comunicaciones telefónicas no son más importantes que el sonido de la calle (ruido, si lo prefiere) ni tampoco precisan más atención que la vida en directo.

Leo en la prensa española que un jugador de la NBA fue grabado por una cámara durante un partido de baloncesto pendiente de su teléfono. El deportista americano, Amir Johnson sentado en el banquillo se pasó un buen rato con la cabeza baja mirando la pantalla del aparato a pesar de que las cosas no iban bien para su equipo. A su lado, otro jugador con quien compartía el dispositivo electrónico justificaba la distracción de su compañero por la preocupación que tenía sobre la salud de su hija enferma (“Multan a un jugador de Philadelphia 76ers por tirarse todo el partido mirando el móvil”.-20minutos, 14.04.19).

peatones

La actitud de un deportista profesional tendría que parecerse poco a la de una persona ausente en medio de su trabajo, aunque ocupe el banquillo. A todos los jugadores de un equipo se les supone un compromiso de lealtad e interés por la competición deportiva. Precisamente en esa ocasión, que se trataba de una eliminatoria, el resultado importaba. Ante una situación familiar delicada, cualquiera debe evitar abstraerse de la realidad de esa manera. Debería haber pedido permiso para acompañar a su hija.

Desgraciadamente, la tendencia actual de la sociedad apunta a hacernos creer que es posible estar en más de un sitio a la vez, pero no es así. Estar ausente es peor que no estar.

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columna publicada en El Nacional (Venezuela)

22.04.2019, lunes

Lea aquí la versión original @ElNacionalWeb

Ausencias

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Ser galante o no serlo

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Ser galante o no serlo

EUGENIO FOUZ

“To be, or not to be, that´s the question ” (WILLIAM SHAKESPEARE)

Contaba Pérez Reverte en un artículo de opinión el singular encuentro con una mujer a las puertas de una librería. La casualidad quiso que coincidieran una señora y el escritor a dos pasos de la entrada del pequeño establecimiento. El caballero abre la puerta para ella y le cede el paso. Imagino yo por mi cuenta que le dedica una mirada respetuosa y no descarto tampoco que le eche una sonrisa. Según confiesa más adelante nuestro héroe, la reacción de la desconocida le deja perplejo y atónito. Lejos de aceptar la cortesía y dar las gracias con un gesto de los ojos o un movimiento de cabeza, la dama improvisa un escorzo repentino encarándose a Pérez Reverte, de nombre Arturo, para cantarle las cuarenta hecha una sota. Esto no es una galantería, vaya, vaya. Hace falta ser machista … (Arturo Pérez Reverte, “No era una señora” El Semanal, Vocento.-17.07.2016)

Me vino a la memoria la anécdota de la dama y el hombre de mundo mientras leía la opinión de otro señor educado que se preguntaba acongojado si los buenos modales eran cosa del pasado. (Martín Caparrós, “¿Debe un señor dejar pasar primero a una señora?” EL PAÍS, 7.04.2019). El escritor Martín Caparrós, aparentemente confundido por el comportamiento moderno de las féminas en relación a las atenciones masculinas de cortesía, decide explorar su actitud con el “sexo débil”. Huelga decir que el autor del artículo pertenece a una generación educada en el respeto al prójimo, el trato formal y la galantería. Y al argentino también le extraña esa tácita rebelión femenina que desprecia la gentileza del otro sexo. Entonces decide ponerse a prueba, creyéndose capaz de tratar con la misma cordialidad a las mujeres que a los amigos para ser justo y equitativo. Se repite a sí mismo como un mantra “solo es una prueba”, “solo es una prueba”.

En una situación cotidiana, por ejemplo, al entrar a una cafetería o un bar al amigo no le deja pasar primero ya que es un igual. No hay problema. Con las mujeres tendría que suceder de idéntica manera. Hasta que llega el momento de la verdad: una mujer y él se encuentran frente a una puerta. Le cuesta llevar a cabo su plan. Lo intenta. Al fin, él pasa delante de ella. Y lo mejor viene ahora al reconocer que no le gusta, que se siente mal. La buena educación siempre deja una señal.

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El Nacional (Venezuela) 15.04.2019 , lunes

Lea la versión original publicada en EL NACIONAL.com aquí:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ser-galante-serlo_278999

Los enlaces, las imágenes y las noticias a las que se refiere la columna

podrá encontrarlos en la versión original @ElNacionalWeb

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Gusto por la oratoria

twitter: @eugenio_fouz

[Lucio Sergio Catilina, senador coetáneo de Cicerón]

Gusto por la oratoria

EUGENIO FOUZ

Epistula non erubescit ”(1) (MARCO TULIO CICERÓN)

Echo un vistazo a los periódicos del domingo y me paro un momento en el artículo firmado por Jorge Marirrodriga. Me pescó con el título: “Un país al que se le está olvidando cómo hablar”(El País, 24.03.2019). En el texto, Marirrodriga se refiere a los españoles. El torneo de oratoria internacional de Harvard celebrado en Madrid recientemente puso en evidencia la notable mejoría de los participantes a la hora de hablar en público. No obstante, parece ser que queda trabajo pendiente.

Si nos dejamos llevar por los estereotipos nacionales, coincido con Marirrodriga en la extrañeza del hecho de que los argentinos no ocupen un lugar destacado en este tipo de concursos. Ellos hablan con lengua de plata, gozan de un léxico rico –literario, diría yo- y poseen un singular acento que les haría merecedores de alguno de estos galardones. Venezuela, otro país americano, revela un gran potencial en esta habilidad de la oratoria según se desprende de la información recogida en el mismo diario madrileño (Elisa Silió, “España aprende a hablar en público”. El País,22.03.2019)

Es lógico que la sociedad moderna empiece a ocuparse del desarrollo de sus habilidades comunicativas en la era de Internet y las redes sociales. Hablar bien y escribir bien es importante.

Para hablar bien uno debe aprender a pensar. Reflexionar a solas. Uno no debería asustarse por hablar en público si se expresa con corrección. Para lograrlo, es preciso manejar con destreza la lengua. Cuando alguien va a decir lo que piensa en voz alta debe tener en cuenta al público a quien se dirige, el registro más apropiado -formal o informal- y hacerse entender; es decir, un buen orador vocaliza. Un orador separa las palabras al hablar. La entonación varía en su discurso. A veces sube y a veces baja evitando el tono monocorde.

De vez en cuando, habrá de buscar la complicidad y la participación de quienes le escuchan. Y por supuesto, tendrá que conseguir llamar la atención de quienes no le escuchan o no le escuchaban hasta entonces. El orador ideal sabe llamar la atención de todos como un showman si fuera preciso. El mayor error de un orador consiste en aburrir a la audiencia. Para ser orador hay que escuchar mucho y leer mucho.

Un orador habla bien cuando tiene algo que decir. En caso contrario se calla.

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Una carta no se ruboriza”(1)

Lea la versión original en ElNacional (Caracas).- 8.04.2019, lunes

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/gusto-por-oratoria_278005

[contiene enlaces de los artículos citados]

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Comerse el mundo a bocados

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(Los Tres Sudamericanos)

 

Comerse el mundo a bocados

EUGENIO FOUZ

Find three hobbies you love: one to make you money, one to keep you in shape, and one to be creative

Tres artistas paraguayos cantaban, cuando yo era adolescente, una estrofa que contenía tres grandes verdades. La estrofa iba directa a la cuestión: “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor / y el que tenga esas tres cosas / que le dé gracias a Dios”. A quienes considerábamos adultos les parecía gracioso repetirnos esa cantinela cada vez que nos veían preocupados. Ellos sabían más que nosotros. Habían pasado por cosas que no éramos capaces de imaginar. Estaba claro que habían vivido. El caso es que trataban de imitar sin éxito la melodía y las voces de “Los Tres Sudamericanos”, de moda por entonces. No entendimos el mensaje de aquellas líneas tal vez por ser demasiado jóvenes.

Con el paso del tiempo los amigos nos encontramos debatiendo sobre la letra de la canción. En un momento nos obligamos a elegir una de las tres cosas como prioritaria e indispensable en la vida. Unos defendimos el amor como valor principal. El amor por encima de cualquier cosa. Nosotros éramos los idealistas. Otros, más prácticos, postularon que todo tenía un precio. Para ellos el dinero era lo primero. Todos nos olvidamos de la salud. Con dieciséis años nadie piensa en la salud ni se cuida demasiado. A esa edad uno lo que quiere es comerse el mundo a bocados.

El tiempo ha pasado y sigo siendo un idealista. Salgo a la selva de cables y letras como un cazador solitario. Estoy al acecho a cualquier hora… Veo una pieza y me acerco sin hacer ruido. Durante un instante la observo. Inmóvil. Maravillado. Decido que quiero tenerla en mi colección. Levanto el rifle, apunto sereno al objetivo y disparo ¡Pum!

Otro pensamiento más, otros versos nuevos para mi biblioteca “Encuentra tres aficiones que amas: una que te dé dinero, otra que te mantenga en forma y otra para ser creativo

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El Nacional (Venezuela) 1.04.2019, lunes (@ElNacionalWeb)

Lea la versión original aquí:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/comerse-mundo-bocados_276933

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