Cortázar al azar

twitter: @eugenio_fouz

Cortázar escribió muchas cosas raras. Al lector que echa un vistazo a las líneas de un relato breve o una novela escasa, cualquier obra del argentino podrá parecerle una insensata aventura. Si se trata de un primer acercamiento, lo normal es que abandone la lectura sin haber entendido nada.

Esto estuvo a punto de sucederle a un extranjero del norte de Europa que pasaba unos meses de estancia en nuestro país con la intención de aprender nuestro idioma. Aquel día habíamos quedado para comer en casa y él acudió puntual, como siempre, y en esta ocasión acompañado de un librito de Cortázar, “Historias de cronopios y de famas”. Observé que venía nervioso y con ganas de hablar. La gente de los países escandinavos pide permiso para todo. Él pidió permiso para consultar dudas de la obra que su profesora de español le había aconsejado leer.

El hombre venía preparado con lápiz y libreta. Empezó a cuestionar en voz alta la cordura del autor. Me hizo gracia. Pero, a medida que hablaba del comportamiento extraño de los cronopios y la maniática personalidad de los famas, uno pensaba de que lo que vendría a continuación tendría sentido. Sin embargo, lo siguiente que leíamos carecía de lógica, aparentemente.

En alguna página nos reímos y tuve que reconocer que sí que era un poco extraño el texto.

Mientras él hablaba disgustado por no entender el mensaje del americano, yo pensaba para mis adentros que qué bueno que hubiese lectores reincidentes tratando de descifrar una lengua extranjera. Le veía anotando observaciones a lápiz en una pequeña libreta. Admiré su esfuerzo de estudiante de idiomas y, sobre todo, su aire de lector concienzudo.

Yo, que había leído varias obras de Cortázar al azar recordaba en esta misma algunas coincidencias con la personalidad soñadora de los cronopios. Supongo que habrá adivinado qué libro del argentino tengo en las manos ahora mismo. Algunos lectores no tenemos remedio.

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artículo de opinión publicado el lunes, 16 de octubre de 2017 en ELNACIONAL.com

(@ElNacionalWeb) 

Lea aquí la versión original:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/cortazar-azar_207516

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Los rehenes del uno

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la foto 5

Los rehenes del uno

EUGENIO FOUZ

Al entrar pido un café con leche después de dar los buenos días. Hay buen ambiente en la cafetería. El camarero silba una melodía repetitiva a la vez que atiende las mesas. Tres mujeres hablan en voz alta, un hombre lee algo en la pantalla de su teléfono. Echo un vistazo alrededor del establecimiento buscando el periódico del día y tropiezo con un muchacho que devora sin piedad un croissant junto a un tazón de leche. Solo y doblado sobre sí mismo espera a un lector cualquiera el diario impreso. Me apresuro a cogerlo y leo los titulares de la portada. Me llama la atención el entrecomillado de uno de ellos: “La educación apaga la creatividad de los alumnos“. A partir del primer párrafo empiezo a disentir. Quien expone esa teoría, adoctrina; o al menos pretende hacerlo. La parte negativa de la argumentación del autor es su incapacidad de contemplar otra perspectiva distinta a la suya. El profesor no admite la instrucción como fundamento de la escuela. Como si fuese un revolucionario de la educación o un iluminado, cree ver en la educación el elemento desencadenante de la falta de creatividad de los alumnos. No me gusta nada lo que leo. Con todo, sigo leyendo el artículo hasta el final.

A mi parecer, no es posible ser creativo sin haberse formado, sin haber recibido instrucción. Indudablemente, hay métodos educativos que no ayudan ni promueven la libertad ni la originalidad de un alumno. Sin embargo, eso no significa que la educación anule la creatividad.

Paso algunas páginas hasta llegar a la sección de “Cartas al director”. Un lector denigra a un personaje público de nuestro país por sus declaraciones sobre una cuestión política de actualidad. Detrás de esa crítica podría ocultarse una aversión personal y visceral a la tauromaquia. Injustamente, el autor de la carta descalifica a la celebridad (se trata de un torero español) y no al pensamiento. Quien firma la carta al director adjunta la etiqueta “antitaurino“. En otras palabras, o piensa usted como yo, o su pensamiento no es válido. Somos analógicos o somos digitales, fumadores o no fumadores, taurinos o antitaurinos. Estamos a favor del periódico impreso o somos antipapel. Y así con casi todo.

Si nos comportamos igual que el muchacho del croissant (aquel chico de la cafetería que tragaba lo que comía sin digerirlo), seguiremos la última doctrina o la más moderna sin dejar espacio para la duda, la reflexión y la calma. Habremos conseguido ser víctimas del pensamiento único, los rehenes del uno.

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artículo de opinión publicado el día 9 de octubre de 2017, lunes en ElNacional.com (Venezuela) (@ElNacionalWeb) 

Lea aquí la versión original:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/los-rehenes-del-uno_206650

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España, camisa limpia

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

[fotografía tomada de @historyinmoment]

quererte tanto me cuesta nada” (VÍCTOR MANUEL)

A pesar de que usted no lo sepa, escribir un artículo empezando desde la nada es una tarea ardua. Hay días en que me viene la idea de lo que quiero decir en un momento dado y precisamente en ese momento no tengo a mano un portátil. Me veo obligado a repetirme en la cabeza el título que se me acaba de ocurrir, una cita, un punto a medio brotar. Imagínese, por ejemplo, que quiero exponer una opinión política sobre lo que está pasando hoy en Cataluña. (Escribo durante el fin de semana y hoy es domingo, 1 de octubre). Sucede que no quiero molestar sino cuestionarme las cosas, buscar y, a ser posible, encontrar la verdad, aún a sabiendas de que toda verdad es subjetiva. Volviendo al tema, anoto en un pedazo de papel o el borde de un periódico las cuatro cosas que no quiero olvidar.

A estas alturas, había pensado dedicar este artículo a otro tema distinto a la actualidad inmediata. Supuse que tanto usted como yo íbamos a estar hartos de tanta sobrecarga informativa del mismo tema. Pero ¿qué le vamos a hacer? Tengo que renunciar al boceto escrito el sábado de otra historia sobre los nuevos uniformes de color neutro en una escuela inglesa por culpa de un artículo de Jabois que no me deja indiferente (La revolución de las buenas personas; “El País”, 1.10.2017). Sería una traición no escribir acerca de lo que a uno le come por dentro. Tengo que hablar de Cataluña y esto implica posicionarse políticamente. Como es bien sabido, desvelar un pensamiento político acarrea disgustos y enemistados, ya que pocos son los que respetan de verdad a quien no piensa igual o parecido. Fume, beba, cante lo que le venga en gana, hable su lengua, presuma de bandera y todo lo que quiera, pero no arranque la mía.

A lo largo de estos días he ido recogiendo testimonios sobre el referéndum catalán. He guardado una entrevista realizada por Gran Wyoming a Manuela Carmena y Ada Colau y me quedo con muchas cosas, sobre todo con la frase de la alcaldesa madrileña en la cual defendía que “ante una crisis de democracia se necesita más democracia” (“El Intermedio”, 20.09.2017). He escuchado el serio monólogo de Andreu Buenafuente acerca de la convocatoria a las urnas del 1 de octubre y su llamada al diálogo y el entendimiento (“LateMotiv”, 21.09.2017), y también he visto la incisiva entrevista de Jordi Évole a Carles Puigdemont (“Salvados”, 24.09.2017). He permanecido atento a los informativos y las declaraciones de Puigdemont, Junqueras y Forcadell. Quiero decir que no me molesta escuchar. Quiero ser justo. Quiero entender a todos y no comprendo que se tape la boca a nadie. Uno debe expresarse y dejar ver lo que siente sin miedo. Quizás de otra manera. Pero, por otro lado, no entiendo la manía mostrada contra lo español cuando dicen “Cataluña no es España”, pitan el himno nacional o silencian a los catalanes (minoría o mayoría, es igual) que piensan diferente.

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el 4 de octubre de 2017)

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Lea aquí, si quiere el artículo de Manuel Jabois en EL PAÍS, La revolución de los hombres buenos:

https://elpais.com/elpais/2017/09/30/opinion/1506772405_036206.html

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El peatón, los pasos de cebra y la cortesía

twitter: @eugenio_fouz

[Christo Guelov]

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Pasa a menudo que las cosas importantes suceden cuando uno menos se lo espera. No estoy pensando en cuestiones fundamentales como elegir el camino menos andado, equivocarse sin quererlo o arrepentirse de repente de haber hecho algo mal.

Me refiero en este momento a detalles apenas perceptibles por los demás que a nosotros nos emocionan. Me gusta caminar solo. Pienso mientras tanto. En el trayecto diario cruzo calles reguladas por semáforos que unas veces me dan preferencia de paso y otras me la niegan desafiando al juez de la hora que vive anclado en la muñeca izquierda.

El tiempo pasa despacio si un auto me obliga a esperar frente a las rayas blancas del asfalto. En tramos del recorrido, los semáforos parpadean en ámbar para los carros dejando en la mano de quien conduce portarse cortésmente con el ciudadano o hacerle esperar. Cada vez que uno de ellos me cede el paso (yo soy el caminante) le doy las gracias moviendo la mano. A veces también asiento con la cabeza.

El otro día vi a un padre y a su hija iniciando el paso de peatones cuando el carro que se aproximaba se detenía permitiéndoles cruzar al otro lado. El padre le hizo un gesto de agradecimiento con la mano como este que contaba antes. Su hija le reprocha esa muestra de reconocimiento tachando a su padre de raro. El padre se justifica a la hija que sigue sin entenderlo. Siguen hablando hasta llegar a un vehículo y el padre se pone al volante para detenerse y ceder el paso a los peatones mientras su hija, muy observadora, le dice que nadie le da las gracias. El último peatón, una mujer de mediana edad, repite el gesto de la mano que había hecho su padre cuando era un peatón. Y el padre sonríe satisfecho de la lección que acaba de regalar a su hija.

La historia dura un minuto largo y la vi el otro día en un instante en que eché un vistazo a un anuncio que ponían en televisión. Este es uno de esos pequeños detalles a los que aludía al comienzo.

ElNacional.com, 02 de octubre de 2017 12:32 AM

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Lea la columna en su edición original en EL NACIONAL (@ElNacionalWeb)

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/peaton-los-pasos-cebra-cortesia_205799

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NOTA: Compruebo que el diario de Caracas sustituyó coche por “carro” y entendí que el lector de EL NACIONAL es fundamentalmente americano. Me extrañó y me gustó al mismo tiempo. Me vi a mí mismo escribiendo en la lengua de Julio Cortázar.

Un colega y amigo encontró el vídeo del anuncio al que me refiero en el escrito. Véalo aquí:

http://

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Mi perfil de Twitter actualizado (1.10.2017)

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El furor del repartidor de pizza

EXILIO INTERIOR

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Life is our dictionary” (RALPH WALDO EMERSON)

Sé que es mucho pedir que antes o después de leer este artículo lea otro, pero voy a sugerirle que lea este del psiquiatra Carlos Castilla del Pino, “Público, privado, íntimo” (El País, 1.08.1988). En él, el gaditano dejaba muy clara la diferencia entre esos tres términos. Un internauta habitual de las redes sociales como yo, cree que una parte de la “sociedad enredada” desconoce hoy en día principios elementales como la libertad y la confidencialidad. Suele pasar que los más jóvenes –estamos a tiempo de arreglarlo- no distinguen con claridad los matices que separan la cordialidad de la corrección ni la cortesía del exceso de confianza.

Un ejemplo a bote pronto sería la dificultad que encuentran los adolescentes para tratar de usted a un desconocido. Habrá quien piense que tratar de usted a la gente es una ridiculez. A mí no me lo parece. En fin, uno sabe que los chicos hoy hablan peor que antes, dicen tacos innecesariamente y les preocupa poco lo que suponga lentitud o renuncia. Tengo que aclarar que, afortunadamente, no siempre es así. No todos los chavales son iguales. Entiéndame. Escribo pensando en quienes deberían haber aprendido ciertas cosas relativas a la buena y la mala educación.

Le cuento la experiencia vivida recientemente por una joven con un repartidor. Ella encarga una pizza a domicilio a través de internet. El establecimiento, lógicamente, asegura el servicio pidiendo al cliente sus datos personales. Pues bien, un repartidor lleva el pedido a la casa de la joven, cobra y se va. Hasta aquí todo bien. No obstante, al rato, la joven recibe una notificación en su WhatsApp. Le sorprende comprobar que quien envía el mensaje es el mismo chico que acaba de irse.

“hola, lo primero perdon por las horas, lo segundo perdon por haber cogido el telf de una clienta, jamaa lo e exo, soy el chico que te llevo la piza (…)

(…) mas parecio super maja (no por la propina, que también e jejejej) sino ppr tu sonrisa que por cierto es preciosa” (…)

La historia fue compartida por la joven en Twitter mediante capturas de pantalla de su teléfono. El mensaje sirve de muestra para que entendamos la importancia de saber respetar la privacidad de las personas (independientemente de su sexo, por supuesto). El desconocimiento de los límites permitidos en la relación de un trabajador con el cliente es inadmisible. Según leemos en el WhatsApp, el chico se da cuenta de que lo está haciendo mal y, a pesar de todo, envía el “romántico” mensaje. A la jovencita no le gustó nada ver invadida su privacidad y advirtió al incauto repartidor de pizza de las graves consecuencias que podría tener su actitud impertinente. Esta anécdota pone en evidencia la necesidad universal de impartir formación moral y cívica en la escuela, y en este caso concreto, en la empresa del chico. Alguien en algún momento tendrá que enseñar a los adolescentes unas nociones de ética y respeto.

[artículo de opinión publicado el 20 de septiembre de 2017, miércoles en @laverdad_es]

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Lea aquí el artículo de Carlos Castilla del Pino:

https://elpais.com/diario/1988/08/01/opinion/586389610_850215.html

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¿Cuándo empezamos a volvernos locos?

twitter: @eugenio_fouz

Dondequiera que se encuentre usted estos días de septiembre le sugiero que levante la vista del periódico que está leyendo y eche un vistazo a su alrededor. Si, como presumo, no está solo en la terraza de la cafetería, compruebe que al menos dos o tres clientes miran embelesados una pantalla. Vea cómo teclean, sonríen y parecen felices mientras usted permanece despierto. No es ajeno a lo que sucede en el mundo real. El mundo en que vivimos se está volviendo loco. Es posible que no haya sido abducido –todavía-por los mundos paralelos. Es posible que sea usted, lector, de esa rara clase de personas que vive la vida como hay que vivirla. Sabe disfrutar de sensaciones auténticas como pasar las páginas de un periódico, resolver un crucigrama a mano, anotar datos en el diario impreso. No tiene síntomas de padecer nomofobia (“no without my mobile phone”). Muchos clientes del establecimiento donde se encuentra ahora sienten la apremiente necesidad de fotografiar el plato de desayuno que están tomando para colgar la imagen en Instagram. Diría que usted es un tipo admirable, capaz de mantener la calma gracias a unos principios sólidamente plantados y una personalidad que hacen de usted un individuo sensato, tranquilo y, en el fondo, un disidente.

columna de opinión publicada el 18.09.17, lunes en El Nacional (Venezuela)-@ElNacionalWeb 

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NOTA:Esta es mi primera colaboración con el diario El Nacional de Caracas que dirige Miguel H. Otero– @miguelhotero en Twitter.

 

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