Cicatrices literarias

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

A Juan José Coy

Never imitate” (R. W. EMERSON)

No fui capaz de dormir tranquilo durante semanas después de haber leído mi primera novela. La historia trataba de la eterna lucha del bien contra el mal. En ella, una madre preocupada por el comportamiento alterado de su hija Regan acude a médicos y psiquiatras para curarla. Pero la adolescente no mejora. Entonces la madre pide ayuda a un sacerdote jesuita. Éste, al ver a la niña , cree que puede ser un caso de posesión del demonio y prepara un exorcismo acompañado de su asistente, el padre Karras.

Pasé mucho miedo entonces. Supongo que mi educación religiosa tuvo que ver, como también el hecho de que leyese por la noche cuando todos dormían en casa. Yo salía de la luz para entrar al mundo de las sombras.

La novela “El exorcista” de William Peter Blatty me dejó secuelas. No imaginaba que un libro doliese tanto. De adolescente, quien se dedica a cuestionar las cosas camina sobre un terreno embarrado que deja mancha y no es agradable. Con todo, seguí leyendo libros.

Pasó el tiempo y me encontré a mí mismo en el interior de una clase de literatura en la ciudad antigua de piedra y letras, cuna de tunantes, lugar de paso de mujeres hermosas, lazarillos y estudiantes. A orillas del río Tormes, el profesor nos hablaba de su experiencia al leer “Crimen y castigo” de Dostoievski. Nos dijo que se ponía malo mientras leía. Confesó que llegó a vomitar por culpa del malestar de la lectura. Silencio. Queríamos entender cuál era el mensaje. Este profesor nos estaba enseñando algo. Y por fin, soltó algo parecido a esto: “Así es como debe ser. La literatura tiene que trastornar al lector. No puede dejarle indiferente”.

Recordar la impresión que me causó la primera novela seria que leí y la lección de uno de mis profesores viene a cuento de esta noticia publicada en “The Independent”: “Una escuela se ve obligada a disculparse después de pedir a sus alumnos que redacten notas de suicidio” (Rachael Pells, 24.06.2017). Claro está que detrás de este titular hay un contexto. Los alumnos adolescentes de la escuela londinense Thomas Tallis leían la obra teatral “Macbeth” de Shakespeare. El personaje de Lady Macbeth muere en el último acto sonámbula, culpable y sola. Un profesor de esa escuela quiso que sus alumnos escribiesen la supuesta nota de suicidio de Lady Macbeth, seguramente con la intención de que éstos empatizasen con el personaje y disfrutasen de un momento creativo. No obstante, varios alumnos se sintieron incómodos con la tarea asignada, ya que, según leemos en el periódico inglés, algunos amigos de esos chicos se habían suicidado años atrás. Un grupo de padres presentó una queja en la escuela. Nada hace suponer que aquellos suicidas hubiesen sido incitados a serlo por una propuesta original acerca de una obra literaria con alusiones al suicidio. Precisamente por esto, uno tendría que leer más, pensar, dudar, creer y descreer. Aprender significa romperse un poco por dentro y recordar las cicatrices.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es, 28.06.2017, miércoles]

*

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

“Mater tua mala burra est”

twitter: @eugenio_fouz

[Helen Mirren, actriz británica]

«Tranquila, mi vida, he roto con el pasado» (Antonio Flores)

No va a ser fácil escribir esta mañana lluviosa mientras Antonio Flores canta aquello de las Siete vidas y dice que ya está en la última. En esas letras le promete a su vida que va a estar con ella después de seis vidas vividas, pero no es capaz de cumplirla.

Uno tampoco va a ser capaz de aguantar el tipo, y una vez más tendrá que tragar saliva al oír la misma historia de amor y celos desde la voz desterrada del hijo de Lola Flores acompañada por la tristeza de una guitarra.

No es fácil entender la trampa, no es fácil ver una mirada atrapada de esclavo. Perdido, ensimismado. Cuando muchos querían olvidar y borrarse del mundo con la ayuda falsa de sustancias extrañas, unos pocos intentaban encontrarse y ser ellos mismos.

Hoy querría aprovechar la idea de Vila Matas en la que vislumbra la ventaja de la escritura cuando anota literalmente: «escribir es una forma de hablar sin que te interrumpan».

Y uno pasa a la acción directa en varios frentes. Primero querría recordar un texto importante sobre educación en las escuelas, el Panfleto Antipedagógico de Ricardo Moreno. A raíz de un editorial de La Verdad del 9 de octubre de este año en el que, tomando como referencia un informe de la Fundación SM, se hablaba de la decepción del profesorado de Secundaria ante la falta de respeto de los alumnos en el aula y de la necesidad de recuperar una cierta disciplina y respaldar la autoridad del profesor. Es un hecho que todas las estadísticas son relativas en sus datos, pero no han de pasarse por alto y hay que tenerlas en cuenta. Precisamente Ricardo Moreno analiza las causas del empeoramiento de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje debido a algunos razonamientos erróneos como, por ejemplo, la idea de que el alumno puede esperar sentado a que le motiven. O la idea de que el profesor no necesita aprender nada y no se equivoca nunca. Por otro lado, en el mismo texto, el autor establece un símil entre los conceptos de obligatoriedad de la Enseñanza Secundaria y la obligatoriedad de un servicio militar. Y señala las consecuencias graves que se darían en el supuesto de no tomar medidas severas contra las faltas cometidas, siendo ese servicio un servicio obligatorio. En muchos aspectos acierta de lleno en sus planteamientos y aporta soluciones interesantes.

Uno ha vuelto a leer las líneas de ese profesor y confiesa su acuerdo en la mayoría de los puntos de su discurso. Cita además la conocida historia de Helen Keller y su vida como ejemplo maravilloso de esfuerzo, fe y disciplina.

En el editorial de ese día se valoraba positivamente la posibilidad de mejorar la empatía entre alumnos y profesores, es decir, la capacidad de ponerse en la piel del otro y tratar de entender cómo se siente o qué puede pensar. Y aquí vuelve a dar en la clave el profesor de matemáticas cuando escribe que «el profesor que sigue aprendiendo tiene más capacidad para ponerse en el lugar de los estudiantes, porque sigue siendo un estudiante».

Cada día que pasa uno tiene más ganas de que la escuela sea un lugar más valorado por los alumnos y de que todos aprendan cada vez más. También querría que el profesorado no dejase de aprender a lo largo de toda la vida y que el alumnado enseñase -porque de ellos se aprende. Por supuesto, que ocurriese el proceso en el sentido correcto, es decir, que el profesor enseñe y el alumno aprenda.

La existencia de asignaturas como Educación para la Ciudadanía o Ética suponen un buen principio, así como el regreso del latín.

El título del artículo de hoy está en latín. Contrariamente a lo que parece, no se trata de un insulto a la madre de nadie. Esa frase, «mater tua mala burra est» fue una frase inolvidable que una profesora exigente y magnífica de latín escribió el primer día que uno empezaba con esa asignatura en el instituto. Como los chicos de la película Dead Poets Society (El club de los poetas muertos dirigida por Peter Weir en 1989) nos miramos unos a otros sin atrevernos a decir nada. Esa mujer nos dio unos minutos para decidirnos y darle una respuesta que alguien soltó «Tu madre es una mala burra», nos reímos y ella también. Nos dijo la versión correcta y a éste que escribe se lo ganó desde entonces para la causa del latín.

La sentencia latina significa «Tu madre come manzanas rojas».

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 19 de octubre de 2008)

*

NOTA:-Mi madre me dice que ha visto esta mañana a mi profesora de latín de bachillerato en la calle y le contó lo mucho que me había gustado aquella primera lección de latín y la importancia que tuvo para mí la asignatura. Lo que no le dijo fue la marca que dejan algunos profesores en los jóvenes.

Envío por correo este artículo publicado hace años en el periódico LA VERDAD para que mi madre le pase una copia en papel a Alicia García.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Hombre sentado leyendo

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

[foto de Marta Bac, @mbac_]

The highest result of education is tolerance” (Helen Keller)

Casi es verano. Estoy a punto de coger el transporte público para volver a casa. El tablón electrónico anuncia que el autobús llegará pronto. A estas horas el sol pega fuerte y me acerco a la marquesina en busca de sombra. En uno de los laterales de la cubierta veo el icono de un humanoide rojo sentado con las piernas muy separadas en lo que parece ser un asiento de autobús, pero que podría ser cualquier otra cosa. A la derecha del hombrecillo, un asiento ocupado a medias por él mismo. La imagen se cierra en la esquina superior izquierda con una equis roja como señal de prohibición.

Esto es nuevo para mí. Según parece, la Empresa Municipal de Transportes de Madrid iniciaba este mes de junio una campaña de concienciación cívica dirigida a los usuarios del transporte público en la capital española sobre la fea costumbre masculina de ocupar más de un asiento al sentarse. Por lo general, los hombres (no todos) abren demasiado las piernas cuando se sientan y se sienten cómodos. Lo que no sabemos es si el acto es voluntario o no lo es.

En fin, me giro pensativo hacia el banco de la marquesina para tropezarme con un hombre sentado leyendo el periódico. Quizás no se ha dado cuenta de cómo ha ocupado todo el banco.

Vuelvo a mirar el cartel mientras la voz metálica de una mujer avisa de la llegada inminente del próximo autobús. Me distraigo paseando de un lado a otro de la marquesina e intento descifrar el mensaje del monigote. Debajo de éste descubro una palabra en la que no me había fijado: “manspreading”. Vaya, me digo, otro anglicismo más. Traduzco el término a mi manera como “desparrame de hombre”, “hombre expandido”. El hombre que lee me inspira una idea curiosa: “hombre sentado leyendo”.

Por fin aparece el autobús y se detiene en la parada. La gente no hace una cola ordenada y soy uno de los últimos en subir. Veo un asiento libre sobre el que una señora acaba de dejar sus bolsas de la compra. Paso de largo para no incomodarla y diviso a lo lejos un asiento vacío. El hombre sentado ya está leyendo otra vez (es el mismo señor de la marquesina). Ocupa parcialmente el asiento que estaba destinado a ser mi sitio. Le pido permiso para sentarme a su lado. El lector me mira, se disculpa amablemente y se recoge sobre sí mismo.

Y es entonces cuando yo me pongo en modo subjuntivo y empiezo a imaginar qué habría pasado si le hubiese dicho algo a la mujer de las bolsas. Pienso en la campaña educativa que solo señala a los hombres como egoístas y creo que no es justo, ya que las mujeres hacen lo mismo.

Nos pasa hoy, que nunca sabemos si la gente aceptará de buen grado la observación de un desconocido educado. Vivimos un clima de desconfianza que no cuenta con la gente sensible que piensa en los demás.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es, miércoles 14 de junio de 2017]

***

NOTA.-Hay muchas fotos compartidas en Twitter sobre #manspreading (hombre desparramado). Dejo algunas después de estas líneas.

https://twitter.com/vivoycorro/status/872115181308063745 

 

AGRADECIMIENTO.-Doy las gracias a la EMT de Madrid por la información cedida casi al instante en que me puse en contacto con ellos vía DM (Mensaje Directo y privado de Twitter). También agradezco a la internauta Ana Cermeño (@lacerme) por haber intentado tenerme al tanto de esos carteles en los autobuses madrileños. La intención me basta para saber que cuento con ella.

https://twitter.com/EMTmadrid/status/874576370411737090

 

*

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El día que creí ser MacGyver

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

(Angus MacGyver, 1985)

Pensar que la vida se ha vuelto larga” (Mario Benedetti)

El lector no sabrá de qué trata este artículo si es joven. En caso contrario, no necesitará que le recuerde quién fue MacGyver. Creo que en el primer caso ya habrá echado mano al smartphone y googleado “MacGyver” convirtiendo la pantalla en una lista de opciones. Casi seguro que la primera opción viene firmada por Wikipedia. Sin embargo, si el lector pasa de la treintena habrá captado la intencionalidad del título. Claro está que, sin conocer en persona al tipo poco mañoso que teclea estas líneas, es lógico y normal esperar leer una batallita acerca del día que uno tuvo que fabricar algo con sus manos y un trozo de plastilina.

Por si acaso, diré que MacGyver era el protagonista de una serie de televisión de los ochenta rodada en los Estados Unidos de América. Concretamente, la serie aparecía en el año 1985 y se emitía en la cadena ABC. La serie fue dirigida por Lee David Zlotoff e interpretada por el actor Richard Dean Anderson. (Yo también tengo smartphone. He recogido la información de Wikipedia). Si siente curiosidad por verme ver a MacGyver en acción, puede intentarlo en el canal TCM. Pero vamos al grano, Angus MacGyver era un agente secreto que trabajaba para la Fundación Phoenix y para el gobierno americano. Todas sus misiones acababan sin muertes ni violencia. (No olvide que estamos en los ochenta). Lo más sorprendente de este Anacleto de Minnesota consistía en su habilidad innata para fabricar los artefactos más extraños con el cristal de unas gafas y un chicle. Solía pasarlo mal cuando lo cogían los malos y lo encerraban. El mal rato le duraba poco, porque se las ingeniaba para escapar reventando la puerta con una mezcla explosiva de vinagre, limón, H2O2 (o algo similar) y colonia. A ver, la fórmula no es segura al 100%. De todos modos, si hace la prueba vigile la colonia empleada porque no creo que el vinagre ni el agua oxigenada vayan a hacer mucho daño. El limón es otra cosa, amigo. Mucho cuidadito con el fruto murciano.

En fin, el día que creí ser MacGyver fue hace unos años. Acababa de obtener el permiso de conducir y venía yo solo desde una playa alicantina a Murcia, temeroso y ufano al volante de un seat rojo de segunda mano (la rima es casual). Bajando cauteloso por la Gran Vía Salzillo a la altura de la Plaza Martínez Tornel mientras hacía un giro perfecto de 90º hacia la derecha, un repentino RRRAACCCKKKK me estremeció el cuerpo entero. No perdí la calma y supuse que se trataba del tubo de escape que, haciendo honor a su nombre, parecía prepararse para la fuga. Detuve el vehículo más adelante y, viendo la avería que era, localicé un cable abandonado en el borde de una papelera. Llegué al coche, me estiré en el suelo y aseguré el tubo a los bajos con un nudo de explorador. Aquel fue el día que creí ser MacGyver.

 

artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 31 de mayo de 2017

*

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La sociedad maleducada

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

Los hombres están hechos los unos para los otros; instrúyelos o sopórtalos” (Marco Aurelio)

Un día cualquiera de la semana mientras hojeo el periódico en un café encuentro este titular: “En muerte cerebral un joven de 22 años agredido al mediar en una pelea en Málaga” (Diario Sur, 22.4.2017). Sigo leyendo y descubro que el día en que el pacificador quiso hacer el bien y todo salió mal estaba celebrando su cumpleaños con unos amigos. Días después moría en el hospital. Entonces, amargado, uno lamenta la fatalidad de ciertos momentos y se pregunta qué sentido tiene esto ¿A qué conclusión podríamos llegar? La moraleja inmediata sería pensar que lo más cómodo es no meterse en líos y dejar que la sociedad salvaje resuelva sola sus disputas.

Afortunadamente, hay gente buena que cree en la idea altruista de la fraternidad universal, es decir, una sociedad en la cual todos somos miembros de una gran familia. Quienes piensan así son los mismos que ponen paz donde ven discordia, no desean mal a nadie y te consideran su hermano.

Habrá gente, por supuesto, que piense lo contrario y hable de la conveniencia de mantenerse al margen sin entrar en riñas ni altercados por lo que pudiera pasar.

Hace unos días las páginas del periódico recogían un suceso similar en el que un hombre templado trataba de calmar a un chaval en una refriega y acababa trágicamente.

Tengo que referirme a un artículo publicado en este diario hace tiempo titulado: “Casi todos eran valientes” (LA VERDAD.-Rosa Belmonte, 28.10.2007) y que recuerdo cada vez que suceden cosas así. En aquel artículo, la columnista se ponía en la piel de un chico incapaz de defender a una adolescente ecuatoriana víctima del abuso al que le sometía un joven en el vagón del metro de Barcelona. El agresor insultó, pegó y pateó en la cara a la chica que estaba sentada enfrente del chico. La agresión era grabada por las cámaras del metro. En la grabación contemplábamos la irritante pasividad del chico que los informativos de televisión emitieron repetidamente. La opinión pública centró su atención en el testigo de la escena que no hizo nada para evitar aquello. Y el veredicto fue unánime: cobarde. Si lee el artículo de Belmonte entenderá la ironía contenida en ese título.

Cada uno actúa de acuerdo a su temperamento y no todos seríamos capaces de actos de heroísmo y bondad como en los casos citados. El valor o la cobardía no se consiguen a base de práctica. Hay cosas que uno tiene o no tiene desde el día en que viene al mundo. Uno cree que si los dos pacificadores recibiesen la gracia de otra vida más, volverían a hacer lo mismo.

La sentencia de Marco Aurelio presupone la figura ejemplar de un padre. La instrucción implica sacrificios, unos cuantos fracasos y muchas renuncias. En el otro extremo, la sociedad malcriada nos deja huérfanos a todos.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es (17.05.17)]

NOTA.-

Lee aquí  “Casi todos eran valientes” de Rosa Belmonte:

http://www.laverdad.es/murcia/20071028/opinion/casi-todos-eran-valientes-20071028.html

*

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

No apartes los ojos del teléfono

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

Cada árbol termina en un pájaro extasiado” (Vicente Huidobro)

Dicen que en ciertas culturas como la japonesa está mal visto dejar propina en un restaurante, besar en la mejilla a modo de saludo o mirar a los ojos. Por otro lado, en algunos países europeos, uno entra en contacto con un miembro del otro sexo- y del mismo sexo también- solo después de haber sido presentados formalmente por un conocido. En un tiempo no lejano, los españoles dejábamos propina de vez en cuando, nos dábamos dos besos o la mano y solíamos mirarnos a los ojos. Entonces no existía todavía internet, no había teléfonos inteligentes ni redes sociales y era impensable conversar con una persona sin levantar la vista de la pantalla de un dispositivo electrónico. Desafortunadamente, esto sucede a menudo ahora en una perversión llamada “phubbing” o ningufoneo. Lo normal es autodenominarse hombre (o mujer) multitarea, es decir, individuo con la habilidad de hablar con cualquiera sin mirarle a la cara y atendiendo al teléfono, el ordenador u otro aparato moderno.

Hace unos años no nos costaba entrar a un desconocido o a un extranjero para prestarle ayuda. Nuestro carácter sociable nos hacía comportarnos cortésmente. La calidez y generosidad eran la marca de la casa. Según parece, mirar a un desconocido a la cara o echar una mano desinteresadamente podría considerarse incorrecto en determinadas circunstancias. Hablo de la historia del joven de veintitrés años, Sergio Moreno, que tuvo la ocurrencia de pegar carteles con un mensaje de amor a una desconocida a la que había visto en el tranvía de Murcia el pasado 18 de abril, día del Bando de la Huerta.

Al leer la noticia, recordé enseguida esta otra que sucedía en el metro de Nueva York el 4 de noviembre de 2007 a las nueve y media de la noche. Un joven pasaba una situación muy parecida al chico murciano. “I saw the girl of my dreams on the subway tonight”. El atolondrado Calisto americano, Patrick Moberg, quedó impresionado por una joven a la que no había visto nunca antes y pegó carteles en distintos puntos del metro neoyorquino al día siguiente de su fortuito encuentro. En los carteles, Patrick detallaba el lugar y la hora en que descubrió a la “chica de sus sueños” y se atrevió a retratarla en un dibujo naíf mostrando cómo iba vestida. Junto a ella esbozó su autorretrato dejando además su número de teléfono. La prensa se hizo eco de la historia. Finalmente, él encontró a su Melibea porque ella quiso conocerle.

En Murcia, la misteriosa chica del tranvía no parece estar interesada en tener una cita con el galán murciano. Es posible que se haya sentido molesta por la atención excesiva del veinteañero. Sin embargo, debería quedar clara la diferencia entre ignorar las miradas de un chico y llamar acosador a un incauto e inocente admirador. Este es el final de la historia.

Volvamos a las pantallas de los smartphones mientras se nos escapa la vida y la pasión, ya que ellas eligen siempre.

 

artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 3 de mayo de 2017

*

La historia de Patrick Moberg en el metro de NYC

vía “La Vanguardia” (@LaVanguardia)

http://tinyurl.com/kauxn84

*

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La fe no es suficiente

PRELUDIO:

Lea en primer lugar el texto del Papa Francisco (Jorge Bergoglio) sobre la Biblia en la misa del Ángelus del día 5 de marzo de 2017 en la plaza de San Pedro de Roma.

noticia publicada en “El Periódico”

http://tinyurl.com/l8tpcxw

El artículo de opinión está inspirado en el discurso anterior y en una encuesta realizada a pie de calle en Sevilla estos días de abril. Vídeo publicado en @YouTube

http://tinyurl.com/mkeo2hs

*

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

semana-santa-sevilla-1458664101513

Fotografía: Semana Santa en Sevilla, El Periódico (@elperiodico)

“¿Qué pasaría si tratamos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil? Si la lleváramos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería?” (JORGE BERGOGLIO)

Ojalá que en medio del paisaje electrónico de mares de teléfonos, músicas y voces alegres al que estamos acostumbrándonos el sol nos regale otro día radiante. Tal vez reciba este mensaje a través de un diario escrito en papel, o quién sabe si ha elegido leer la prensa digital y no ha soltado todavía el smartphone. Sea como sea, paso a contar lo que me inquieta ahora.

Pienso que tuvo que haber alguna razón por la cual me sintiese afectado por el examen sorpresa, católico y teórico realizado a unos jóvenes en plena Semana Santa este año. La prueba consistía en una encuesta a pie de calle durante la conmemoración de la Pascua en Sevilla. Un youtuber, FortFastWTF, recogía los testimonios de varios asistentes a las procesiones de la capital hispalense en una grabación de vídeo de apenas cuatro minutos de duración. [“Semana Santa y el postureo.”- YouTube; 11.04.2017]. Ese vídeo subido a Internet se difundió mediante periódicos digitales y redes sociales con tal virulencia que registró en menos de una semana más de medio millón de visitas. La muestra puso en evidencia la pasión de los creyentes encuestados y su fe católica. A la pregunta de si se consideraban “católicos practicantes” la respuesta unánime era: “”.

No obstante, la cosa empezó a complicarse a partir de la fase teórica de la prueba, ya que el resultado fue poco alentador. Me veo ahora, antes de seguir, en la necesidad de confesar mi desconocimiento de ciertos apartados que creo que debería saber; no ya por cultura, que también, sino por respeto a la educación católica que me inculcaron de pequeño. Una manera de ser que no admite concesiones a la mala conciencia, por ejemplo. Es fácil observar errores ajenos y ocultar los propios. Volviendo al examen a pie de calle, el encuestador pregunta ahora sobre el Pentateuco, pide una definición de sacramento. También quiere comprobar si los encuestados conocen el significado del término evangelio. Las respuestas no son válidas. Uno de los jóvenes intenta una evasiva pueril pero graciosa: “yo hice la Comunión por los regalos” viéndose respaldado por un amigo que dice “yo también”. De todas las cuestiones, la más difícil resulta ser aquella en la que pide que identifiquen el mandamiento de Jesús contenido en un versículo de San Juan (Jn 13, 34-35) y que, curiosamente, uno de los jóvenes acierta.

Con todo, a mi parecer, la mejor parte de la prueba es la pregunta abierta que dice así: “¿Para vosotros cual es el extracto literal de la Biblia que más os ha ayudado espiritualmente?

Llama la atención oír excusas a determinadas cuestiones como: “nosotros no somos de leer” o “saca ahí una biblia o algo”.

Precisamente, hace unos días el Papa Francisco apuntaba la conveniencia de que los fieles llevasen una biblia de bolsillo como si se tratase del teléfono móvil.

 

artículo de opinión publicado en @laverdad_es; 19.4.2017

*

NOTA:

Es posible que haya quien se cuestione la necesidad de la encuesta, la conveniencia de una prueba teórica sorpresa en la calle. La verdad es que creo que es importante. Habrá quien pueda pensar que la próxima vez, quizás el año que viene, los cofrades deberían prepararse para no dar mala impresión a la comunidad católica y, más aún a la comunidad no católica española y extranjera. Habrá quien diga que con la fe basta, que no hay que conocer la Biblia ni cuestionarse cosas. Yo creo que sí. Creo que la fe no es suficiente. La comunidad católica debería alentar a sus miembros, a los cofrades y a los asistentes a las celebraciones de Pascua a leer las Sagradas Escrituras como sugiere el Papa. La encuesta en la calle es el examen necesario para saber qué sabemos y qué desconocemos de la cultura religiosa.

*

 

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario